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18/05/07

EL VUELO DEL CAPUCHÓN


podcast


Segundo curso de la EGB...calculo que tendría unos seis años. Madrid, colegio Santa María de los Rosales.

Me sitúo en el fondo de la clase, alejado de la mesa de la maestra –es más que probable que las proporciones en lo que a distancias se refiere estén alteradas tanto por la lejanía de los recuerdos como por mi tamaño entonces- Estaba jugando con un bolígrafo bic cuando sin saber muy bien como, la capucha del mismo salió volando por los aires, describiendo una amplia parábola hasta alcanzar sin la menor discreción la mesa de la profesora.

Esta se puso seria al ver su autoridad amenazada de aquella manera y miró con gesto serio a su infantil auditorio: “¿Quién ha sido?”, al que siguió un exasperante silencio que obviamente sólo podía ser roto por mi o por ella. Sin duda, el hecho de que no diera un heroico paso al frente acrecentaba la tensión, que en mis entrañas iba tomando forma y cuerpo, aumentando mi sensación térmica e impidiéndome respirar con normalidad de forma que la señorita ya me había identificado fuera de toda duda como el mudo lanzador.

No se porque no me puse en pie. Ignoro las intrincadas razones por las que no hablé, sobre todo cuándo –al menos así lo recuerdo- había sido un absurdo accidente. Rompí a llorar y ella, con la expresión cargada más de preocupación que de enfado, me preguntó directamente: “¿Has sido tú?”

El ambiente que se cernía sobre mi era insoportable: niños y niñas –incluida Ivana, la preciosa peliroja que me gustaba- me miraban sorprendidos, diría que asustados al verme llorar de aquella manera sin llegar a comprender lo que estaba ocurriendo; la maestra, deseando dar por cerrada aquella anécdota que tomaba tintes cada vez más dramáticos; y yo que balbucee para decir mintiendo: “No”.

Era evidente e innegable que la capucha del maldito bolígrafo había salido de mis manos, y todo habría acabado con haberlo admitido sin más. Yo era un niño, es cierto, pero aún no comprendo el porqué de mi negación y la intensidad de mi sufrimiento en aquel momento.

El final de este recuerdo está borroso. Creo que la maestra me tranquilizó, me consoló transmitiéndome la banalidad del suceso e imagino que al poco rato yo lo había olvidado y corría libre como un pajarito en el recreo, siendo indio o vaquero o mirando a los mayores jugar al joquey hierba.

Sin embargo muchas veces lo he revivido porque por alguna razón ese momento ha quedado grabado en mi memoria. Y, por supuesto, en alguna ocasión ha regresado la intención de escurrir el bulto negando lo evidente y con ella, al saberme acorralado, una sensación de tremenda derrota, de tristeza.

“la naturaleza humana es poderosa a veces por encima de los principios y aunque el vuelo de la capucha es una anécdota infantil que te pesa por alguna razón que no alcanzo a comprender una vez alcanzada la edad adulta que no la madurez este tipo de reacciones cobardes pasa a formar parte de lo que somos aunque no nos guste no olvides que las cárceles están llenas y que el engaño campa por sus respetos allá donde mires al menos para tu consuelo decir que parece un buen síntoma la desazón que generan en nosotros esos momentos”

Desazón cuando nos descubren, cuando nos ponen en evidencia, cuando lo sabe alguien más que nosotros mismos. Sino, podría comaprarse con el sabor del triunfo.

“por eso mentimos por la posibilidad de que la mentira triunfe y nuestros actos abyectos queden impunes y podamos seguir viviendo con nuestras conciencias preocupadas por los defectos de los demás una vez olvidados los nuestros”

He de reconocer que otras veces en las que la negación de mis actos censurables ha logrado su objetivo, no me he sentido tan mal, ni mucho menos.

“solo que tu conciencia subconsciente mantiene vivos aquellos recuerdos que suponen una mayor traición a tus principios verbalizados sobre todo a los que afectan a tu posición ante los demás a esa imagen ridícula y estirada que te gusta pensar que los otros tienen de ti”

Cierto, pero hay cosas que están mal y se hacen aceptando el riesgo de forma razonada y cuya estrategia de ocultación es poderosa y difícilmente detectable.

“y es cuando falla esa estrategia cuando acuden los sentimientos de culpa nos ha jodido mayo con las flores”

Hablando de Mayo. Este mes hace quince años que se marchó nuestro padre.

“debe haber comprado tabaco para parar dar y tomar”

Ya te digo.

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