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21/03/07
DESCUBRIENDO EL SEXO

El placer del sexo fué un descubrimiento fabuloso. En el colegio, en clase de gimnasia, hacíamos un ejercicio que consistía en subir a un palo de madera colgado de una de las vigas de la cubierta. En mi memoria la longitud de ese palo era infinita, y nunca logré subirlo del todo. Sí es cierto que en el límite de mi sincero esfuerzo, al hacer fuerza con las piernas, sentía un hormigueo desconocido y placentero que me obligaba a seguir intentándolo. El profesor, borrado de mi memoria, llamaba mi atención y me conminaba a bajar, y una vez en el suelo estaba seguro de que ese placer ocultaba algo misterioso. Al comentarlo con los compañeros de clase –a la sazón en cuarto de educación general básica, entre ocho y nueve años de edad- cada uno explicaba su versión. Uno de ellos había oído a sus padres hablar de “polución”, con lo que inmediatamente asociamos ese placer a un efecto negativo de la contaminación. En 1978 el sexo era mucho más turbio de lo que lo es ahora. Sucedió que uno de los compañeros, Jaime, había traspasado la barrera de la confusión y acertó a transmitirme, secretamente, cómo ese placer misterioso podía alcanzarse con una sencilla manipulación del trigémino. Desde ese momento me convertí en un adicto irreflexivo al onanismo.
El siguiente paso tras incansables prácticas, vino de la mano de la muchacha interna que se encargaba de las labores domesticas en nuestro piso de de Cáceres. Ella tenía 16 años, morena generosa de carnes.
“estaba gorda”
En mi memoria...
“estaba gorda no te inventes historias”
Como quieras. Fue un proceso arduo de acercamiento, curiosidad y confidencias el que dio paso a torpes abrazos escondidos hasta que una noche sucedió. Por alguna razón que no recuerdo, dormíamos en la misma habitación mis hermanos pequeños y yo, en una cama nido. Ellos en la cama de arriba y yo en la de abajo, sin subir las patas. Estábamos viendo la televisión y la muchacha se acostó en mi cama. Ahí empezaron los tocamientos furtivos bajo las sábanas y el aumento de la excitación. Pasado un rato, mis hermanos se durmieron y la tele se apagó. Ella me guió sobre su vientre y acerté a penetrarla. No puedo decir si duró mucho o poco, y mucho menos si ella gozó como hoy se que puede gozar una mujer. Si tengo claro que eyaculé y que lo celebré dando saltos de contento en el cuarto de baño.
Desde aquel día nuestra actividad sexual fue frenética. Yo era el primero en llegar a mi casa, ya que mis padres trabajaban y mis hermanos comían en el colegio, y cada día la rutina se repetía. Dejaba mi cartera en mi habitación, la buscaba y allí donde estuviera, en el suelo, un sillón, de pie o acostados teníamos sexo.
“menos mal por un momento creí que ibas a decir que hacíais el amor o algo parecido”
No me subestimes.
“cualquier estimación que pudiera hacer sería sobreestimarte”
Vaya por dios. En fin... que así estuvimos año y medio, hasta que –tampoco recuerdo la razón- dejó de trabajar en casa.
“momento desde el que tu actividad manual se desató incansable”
Con total normalidad adolescente. Tenía doce años.
“matar cachorros y follar a diario con doce años está claro que mi presencia no es algo fortuito lo extraño es que no apareciera antes y con más fuerza”
Tonterías. No creo que esos acontecimientos hayan influido negativamente en mi desarrollo. Todo lo contrario: creo que aquellos recuerdos que somos capaces de recordar sin pudor o dolor nos construyen, nos hacen lo que somos.
“un sátiro asesino de cachorritos”
Y que oye voces.
“que bien”
12:50 Permalink | Comentarios (1) | Enviar a Email
19/03/07
LOS PRIMEROS HIJOS DE "MIA"

Siendo adolescente tuve una hembra de pastor alemán. Se llamaba "Mia". Era mi responsabilidad sacarla a pasear todos los días mañana, tarde y noche además de cuidar de su integridad sexual en época de celo.
"animalito"
Ya la primera vez que me enfrenté a su castidad vi como un andrajoso setter irlandés blanco y negro, habitante de una carpintería del barrio, alcanzaba su instintivo paraíso sin encontrar oposición alguna ni por parte de mi mascota ni por la mía, acobardado incluso sabiendo que el viejo animal apenas tenía dientes en la boca.
De esta relación nacieron doce cachorros, parto del que fui único testigo autorizado por la madre: la ayudé acercándole uno a uno a los tiernos recién nacidos para que los limpiara con la lengua, vi como los restos de sangre, la placenta y las bolsas que recubrían a los cachorros eran metódicamente devorados. Doce animales que según mis padres y otros adultos desgastarían cruelmente a la perra recién parida, siendo una alternativa el exterminio de al menos la mitad de ellos.
Pocos días después, en la terraza lavadero de mi casa, golpee la cabeza de tres de los cachorros contra el suelo hasta estar seguro de su muerte. Al primero tuve que darle tres o cuatro veces, ya que algo frenaba mi fuerza aun sabiendo que mi objetivo no era otro que acabar con el animal. Mis hermanos recriminaron mi crueldad, y mi madre puso de manifiesto su desagrado principalmente porque las paredes blancas y el suelo estaban llenos de la sangre de los perros muertos.
Cogí los otros tres cachorritos y busqué una obra apartada en el vecindario, una de aquellas en las que solía cazar gatos con la madre, y acabé con su vida. Esta vez opté por lanzarlos con todas mis fuerzas contra un muro, de tal forma que tras el primer impacto caían a una escombrera estrecha y de difícil acceso. Era ya de noche cuando me disponía a lanzar al último animal contra el muro. Estaba agotado y quizá por eso no lo lancé con suficiente fuerza, ya que desde el abismo oscuro de la escombrera surgió después un gemido agudo y persistente, el típico llanto hiriente de un cachorro. Recuerdo el nudo en la garganta, el calor en mi rostro y la ansiedad con la que llegué hasta la entrada de la sima persiguiendo los gemidos del animal malherido palpando la oscuridad, deteniéndome ante el perrito y rematándolo al saltar sobre él con todo mi peso una y otra vez, hasta que sólo existieron el silencio y el latido desbocado de mi corazón. Tenía doce años.
"no me extrañaría haber sido concebido en aquel instante"
Mira a ver.
18:00 Permalink | Comentarios (1) | Enviar a Email
14/03/07
RECUERDOS DE ARREPENTIMIENTO

En el colegio, cuando tenía nueve años, me rompí una pierna. Tibia y el peroné. La escayola, que nacía en el muslo, dejaba desnudos los dedos del pie. Un día Arturo, mi amigo, me pisó sin darse cuenta. Descargué con rabia ciega el peso de mi muleta sobre aquel niño. Fue un golpe animal, ni defensivo ni impulsivo: sólo quería devolver el dolor que me habían causado, sin importarme lo accidental del pisotón. Y por fortuna el culpable estaba cerca.
La sensación inmediata fue de alivio, no lo olvido, pero muchas veces, con el paso del tiempo, habría dado todos los dedos doloridos por tener la oportunidad de pedir perdón a mi amigo. Con ello habría cerrado el círculo, acallando mi sentimiento de culpa, arrepintiéndome en voz alta de mi falta. Deseo impulsivo, satisfacción impulsiva; deseo meditado, satisfacción meditada. Deseo, satisfacción... Y cuando la satisfacción no se produce, aparece carroñera la frustración, hiriente.
Conducir un coche pequeño, de segunda mano y ver a tu igual adelantándote en una lujosa berlina de gama alta, reluciente y enorme. Frustración. Vivir en un apartamento y visitar su chalet. Frustración. Frustración que incentiva nuestra productividad. Trabajamos como animales para luchar contra esa frustración, para comprar esa casa, para conducir un coche deportivo y vestir a la última, para silenciar nuestra frustración. Y la que imaginamos en aquellos a los que queremos... la que imagino en mi mujer, la que presumo futura en mis hijas.
“siempre hay un escalón más que subir siempre un último modelo un colegio mejor un viaje más atractivo y si por un instante pretendes decir basta el miedo a perder lo alcanzado te bloquea“
Lo se, pero no puedo bajarme de repente...
“porque somos un cagón hipotecado cargado de hijas sin coraje para sufrir por honestidad”
Exacto.
13:45 Permalink | Comentarios (0) | Enviar a Email
05/03/07
CITAS

Me has desestabilizado, “Ella”. Si me paro a analizar mi vida desde tu aparición, me doy cuenta de que el hábito de cuestionarlo todo desde tu conciencia resulta descorazonador. No hay nada con lo que pueda estar seguro al cien por cien, porque eso sería conformarse y porque es absolutamente imposible demostrarlo todo, como decía Aristoteles... Es agotador.
“a lo mejor prefieres el camino de aceptar alguna verdad mediana y no pensar demasiado”
Pues a lo mejor. Tengo entendido que las personas con fe son más felices.
“tu nunca has tenido fe no vas ahora a ver la luz sin más por pura comodidad”
Cierto, pero al menos contaba con una autoestima que me permitía ser ambicioso y fuerte. Tenía menos dudas, algo parecido a unos valores. Ahora no hay certezas, sino cada vez más incertidumbre.
“el problema con el mundo es que los imbéciles y los fanáticos están siempre tan seguros de si mismos y las personas razonables tienen siempre tantas dudas”
Eso es de Bertrand Russell. Y considerarme razonable en el momento en que estoy departiendo con una voz interior no demuestra precisamente cordura. Trato de captar la fuerza del presente, tal y cómo hemos aprendido, y cada vez que lo hago me duele más el futuro.
“porque no se trata del presente sino de valorar las pequeñas cosas que te da te ocurre que sigues interpretando la vida como una competición y aceptando retos que no salen de ti quimeras ajenas que te regalan vacío yo sólo soy una voz que recoge las letras de tu desorden y trata de aportar algo de claridad a tu basura cerebral”
No lo veo así. Precisamente ese esfuerzo por serenarme, por tomarme las cosas con tranquilidad es el que me deja un nuevo poso de fragilidad, como si no estuviera dando lo mejor de mi, como si pudiera hacer muchas más cosas...
“ganar más dinero casas más grandes más grandes coches ropas de moda joyas señales de éxito cuya fuerza dura apenas un instante o a lo mejor reconocimiento fama prestigio y un ego enorme que se desinflará en cuanto los ojos busquen a otro más jóven o más productivo incluso sexo por doquier con cuerpos de piel de melocotón como si tras eyacular no apareciera de nuevo el vacío junto a un cuerpo ajeno nada de nada de nada en todo eso”
Pero es que sin todo eso resulta difícil sentirse grande, y la vida es apenas un instante, como para no vivirla con grandeza.
“ya vives con grandeza si eres capaz de regalar más sonrisas pedazo de mamón cascarrabias gruñón la mujer a la que amas tus hijas la pintura las letras y la música la risa el placer del sexo y el deseo la amistad están ahí para ti”
Todas esas cosas me hacen ser feliz...quizá algo cansado por la crianza, pero pletórico. Y las que listaste antes, porqué negarlo, también poseen su valor. Sin embargo persiste la sensación de desasosiego.
“me temo que esa sensación es el motor de la humanidad la razón del inconformismo que nos hace buscar nuevas fronteras nuevas ideas nuevos mundos nuevas formas siempre estará ahí en cada individuo y podrá escucharla aquel que no se conforme que no crea haber alcanzado verdades inamovibles”
Pero yo no quiero conquistar nuevos territorios, ni otros mundos. Quiero vivir tranquilamente, sin sobresaltos o incertidumbres.
“mentira sino no llevarías media vida buceando en esa búsqueda en ese lamento por el debe haber algo más lo único que te ocurre es que eres un miedoso de mierda que no confía en sus capacidades los descubrimientos que más van a cambiar tu vida están dentro de ti en cada cuadro o en cada palabra escrita en cada acuerdo firmado en la sorpresa que regalas a los tuyos en cada pensamiento que te sorprende incluso en mis palabras cuando las vuelcas”
Esos instantes son los que pesan, si. Pero resultan escasos, difíciles de lograra y mucho más de valorar, de recoger en la memoria para abonar mi autoestima. Y es cierto que la tranquilidad que busco es la que me permita centrarme en esos momentos, en esos logros.
“error esos logros son fruto del esfuerzo sacrificado silencioso no son un momento concreto son una emoción un aliento efímero como una gota de agua en el océano de tu subconsciente”
Y gota a gota, con paciencia...
“llegaras al final del camino sin darte cuenta habiendo exprimido hasta el último suspiro con honestidad y eso si es grandeza porque habrás vivido”
Vale, reflexionare sobre eso.
“menos reflexionar y más actuar vago huevón culo gordo”
Ya estamos faltando. Piensa tu en esta de Nietzsche: ¿Cuál es el único ser que genera una necesidad de evadirse de la realidad inventando mentiras?...
“aquel al que la realidad le produce sufrimiento”
Pues eso.
“jo”
12:28 Permalink | Comentarios (0) | Enviar a Email

