14/03/07

RECUERDOS DE ARREPENTIMIENTO


podcast


En el colegio, cuando tenía nueve años, me rompí una pierna. Tibia y el peroné. La escayola, que nacía en el muslo, dejaba desnudos los dedos del pie. Un día Arturo, mi amigo, me pisó sin darse cuenta. Descargué con rabia ciega el peso de mi muleta sobre aquel niño. Fue un golpe animal, ni defensivo ni impulsivo: sólo quería devolver el dolor que me habían causado, sin importarme lo accidental del pisotón. Y por fortuna el culpable estaba cerca.

La sensación inmediata fue de alivio, no lo olvido, pero muchas veces, con el paso del tiempo, habría dado todos los dedos doloridos por tener la oportunidad de pedir perdón a mi amigo. Con ello habría cerrado el círculo, acallando mi sentimiento de culpa, arrepintiéndome en voz alta de mi falta. Deseo impulsivo, satisfacción impulsiva; deseo meditado, satisfacción meditada. Deseo, satisfacción... Y cuando la satisfacción no se produce, aparece carroñera la frustración, hiriente.

Conducir un coche pequeño, de segunda mano y ver a tu igual adelantándote en una lujosa berlina de gama alta, reluciente y enorme. Frustración. Vivir en un apartamento y visitar su chalet. Frustración. Frustración que incentiva nuestra productividad. Trabajamos como animales para luchar contra esa frustración, para comprar esa casa, para conducir un coche deportivo y vestir a la última, para silenciar nuestra frustración. Y la que imaginamos en aquellos a los que queremos... la que imagino en mi mujer, la que presumo futura en mis hijas.

“siempre hay un escalón más que subir siempre un último modelo un colegio mejor un viaje más atractivo y si por un instante pretendes decir basta el miedo a perder lo alcanzado te bloquea“

Lo se, pero no puedo bajarme de repente...

“porque somos un cagón hipotecado cargado de hijas sin coraje para sufrir por honestidad”

Exacto.

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