16/10/06

HOMOSEXUALIDAD, IGNORANCIA Y MIEDO.


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Dos reflexiones reales de dos amigos que animaron mi reacción vehemente:

-Buscar alguna actividad deportiva para una hija y entender que, aunque a esta le encante jugar al fútbol, este sea un deporte que pueda tener alguna incidencia en el desarrollo de su sexualidad al ser mayoritariamente masculino.

-Evitar que un hijo juegue con muñecas o a los peluqueros tratando de hacer que se acerque al fútbol para evitar un desarrollo de su sexualidad no deseado.

Ambas posiciones adoptadas con la sana intención de evitar posibles sufrimientos a los descendientes, provocados sobre todo por las dificultades que ellos ven en la adaptación de los que no son “normales” en cuanto a su sexualidad.

Hablamos de adultos maduros en pleno uso de sus facultades mentales. Ciudadanos plenamente integrados en su comunidad, formados y supuestamente informados.

Creen de veras que la sexualidad de sus hijos depende de las actividades que realicen ahora, en su infancia.

Pero lo peor no es esto, lo peor es que consideran como algo tremendamente negativo para sus hijos el hipotético hecho de que su opción sexual no sea la “normal” o “natural”. No porque lo vean mal –mienten- sino porque el supuesto rechazo al que se verán sometidos les hará sufrir.

Y lo triste es que es muy probable que tengan razón, ya que el rechazo que ellos mismos fomentan al plegarse a ideas tan rancias y reaccionarias es el que luego se extiende en las escuelas. Sólo si los que nos preocupamos por la educación de nuestros hijos nos planteamos ser valientes y hacer valientes a nuestros hijos podremos evitar que las personas –hijas o no- sufran por ser como son.

“independientemente de que sea una estupidez mayúscula la idea de que una niña que juegue al fútbol tenga más o menos posibilidades de ser lesbiana que otra que no lo haga”

Al final los prejuicios nos hacen tomar posiciones desde el miedo. El miedo a lo desconocido, a lo diferente.

La raíz de esta diatriba está en la valoración de la homosexualidad como comportamiento anormal, no natural y/o aberrante y, sin embargo, la homosexualidad o mejor dicho los comportamientos homosexuales son un fenómeno extendido en la Naturaleza. En ese sentido, tampoco los seres humanos somos tan diferentes de nuestros compañeros animales.

“aunque si mucho más ignorantes y crueles”

No se puede aplicar el mismo mecanismo sobre selección sexual y evolución que Darwin aplicó a mediados del siglo XIX, ya que, afortunadamente, la ciencia ha variado desde entonces. Evidentemente, el paradigma darvinista –la evolución de las especies a lo largo del tiempo- no ha cambiado. Pero lo que sí ha variado es la concepción de la sexualidad. Para el creador de la teoría evolutiva, muchas de las características que diferencian machos y hembras en muchas especies están determinadas en última instancia por la competencia entre los machos por las hembras y por la elección que hacen estas de los mejores machos. Colateralmente y siguiendo con la misma línea argumentativa, si la homosexualidad es un comportamiento no reproductivo, la selección natural tenderá a eliminarla de cualquier población. Esta es la base teórica de la argumentación aportada por muchos homofobos, y se ve claramente reflejada en frases como: “... por el bien de la especie, pues ¿qué porvenir tendría una especie en la que la mayoría de sus individuos fueran homosexuales? [...]”. Según esto, cualquier sexualidad no reproductiva tampoco debería ser considerada normal, ya que tampoco da lugar a nuevos individuos que perpetuarán la especie.

Pues bien, las cosas no son afortunadamente tan simples como las pintan. La sexualidad se ha demostrado como una herramienta que excede el ámbito de la reproducción. Su papel en las relaciones sociales que establecen los individuos está fuera de toda duda. Algunos estudios han demostrado la existencia de prácticas homosexuales en más de 300 especies de vertebrados. Sin ánimo de hacer una revisión completa, tenemos descripciones en diversas especies de ciervos, jirafas, alces, gacelas, cabras montesas, visones americanos, cebras, elefantes, leones, guepardos, zorros, lobos, osos, hienas, canguros, murciélagos, vampiros, orcas, delfines, ballenas y otros mamíferos marinos. La lista es extensa y cada vez se descubren más. Esto a pesar de que en muchos casos en el pasado –y en el presente- se ha llegado a esconder intencionadamente los datos de comportamiento homosexual en un ejemplo clarísimo de cómo la ideología del científico ha pesado por encima de la evidencia científica.

Centrándonos en casos bien estudiados, una investigación demostró entre los cisnes la existencia de parejas estables formadas por dos machos. Lo más interesante de este caso es que la pareja de machos puede criar pollitos como cualquier otra pareja. Uno de los dos machos de la pareja puede fecundar a una hembra, que pondrá los huevos y los dejará a cargo de la pareja de machos. Vemos aquí a una familia homoparental en plena naturaleza. Tenemos que recordar en este punto que los homosexuales no son estériles, o al menos, no lo son en un porcentaje mayor que el resto de la población. Lo remarcamos porque algunos se empeñan en pensar que la homosexualidad es incompatible con la paternidad y nada más lejos de la realidad. Según algunos estudios, entre 1 y 9 millones de chicos y chicas de Estados Unidos tienen un padre o una madre homosexual, sea por vía procreativa o adoptiva.

Por poner ejemplos más cercanos a nosotros, se han descrito comportamientos homosexuales en más de 100 especies de mamíferos. Un caso bien estudiado es el del bonobo o chimpancé pigmeo. Se trata de una especie muy próxima a nosotros en términos evolutivos donde las prácticas homosexuales son tan o más comunes que las heterosexuales. En esta especie, las prácticas sexuales en general –homo o heterosexuales– juegan un papel fundamental en la inclusión social de los individuos. Esta inclusión social hace que los individuos tengan más éxito en la superación de pruebas ambientales, tales como la detección de posibles peligros o la obtención de alimento. Y también en el éxito reproductivo, ya que los individuos crean alianzas y redes de apoyo entre ellos para ayudarse mutuamente.

“lo que muchos plantean como una anormalidad biológica no es más que el producto de sus prejuicios morales”


Pero lo que es más grave es que antes de mirar a la Naturaleza sin ideas preconcebidas ni trasfondos ideológicos, muchos científicos se dedican a adaptar lo que observan en la Naturaleza a su ideología, influida seguramente por creencias religiosas que nada tienen que ver con la ciencia moderna ni con las buenas prácticas científicas. Seguramente, muchos de estos especialistas que se oponen al matrimonio o la adopción por parte de parejas homosexuales tampoco habrán tenido la molestia ni tan siquiera de estudiar las recomendaciones de la Asociación Americana de Pediatría y del único estudio español encargado al Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid y la Universidad de Sevilla, donde se demuestra que los chicos y chicas criados en familias homoparentales no presentan ninguna deficiencia en su desarrollo.

Lo demás son mitos y leyendas.

“miedo e incultura”

06/10/06

DE LA AMISTAD


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Es curioso como la percepción de la amistad varía según nos vamos haciendo mayores. En la adolescencia y primera juventud, cuando las responsabilidades abarcan el descubrimiento del universo, los acompañantes son una prolongación de nosotros mismos. Se generan hermandades indisolubles que celebran su vínculo eterno a base de confidencias e intimidades varias.

De repente llegan el amor y la vida profesional. Los intereses divergentes y el tiempo de la distancia. Llegan las decisiones cargadas de sensatez, envenenadas por la suma de experiencias amargas o el afán de autoprotección. Y llegan también las heridas, la sensación de traición y la distancia helada del silencio.

Los amigos pasan a ser aquellos que están circunstancialmente cerca, aquellos con los que compartimos necesidades o vecindarios. La rareza entonces es la confidencia o la intimidad: no se habla de miedos, pocas veces de la inmensidad de la nada y mucho menos de las miserias que nos configuran. El día a día son los niños, la televisión y las inversiones a futuro. Los convencionalismos triunfan disfrazándonos de aquello que creemos que no desentonará con el paradigma del éxito que esté en boga en cada momento. Y ya apenas somos intensos y auténticos como cuando no sabíamos lo que éramos. Sólidos monolitos blindados.

Es entonces cuando las amistades profundas emergen en su nexo seudo familiar inventando hermandades imperecederas plagadas de respeto y veneración. Los amigos que se forjaron entonces, aquellos de los que siempre sabes sin apenas cruzar unas palabras. Esos de los que tu anecdotario feliz se alimenta y de los que estas orgulloso de tener cerca porque sabes que aquello que esté en su mano será tuyo si lo necesitas. Son apenas unos pocos. Quizá sea difícil hasta que sean. Su valor infinito reside precisamente en esa escasez, en su peligro de extinción.

“tu hablas de tu triste experiencia y sobre todo de tu escasa habilidad para hacerte querer encerrado en esa torre de marfil sin apenas preocuparte de aquellos que siempre han querido formar parte de ti devorando tu tiempo en elucubraciones absurdas y hasta en circunloquios con una voz enajenada”

Hay mucho de mala conciencia, de soledad y de egoísmo.

Antes de casarme temía la soledad, lejos de mi familia. Entonces la amistad era una necesidad perentoria, sobre todo cuando mi amada estaba lejos de mí. Hoy mi familia inmediata, mi mujer y mis hijas, hacen que las palabras signifiquen otras cosas. Que las necesidades sean otras.

“aún así inventas amigos imaginarios”

Es posible. Hablar de lo que hablo aquí es una necesidad. En ocasiones pienso que contigo invento un sucedáneo de la amistad. Incluso creo a veces que ocupas el inmenso hueco de la figura paterna, porque cada vez más hecho de menos esa brújula.

“seguro que te habría sido útil pero no es tan trascendental que son millones los que viven sin esas figuras sin lamentarse tanto sin contar con que las brújulas de ese tipo no sirven para marcar el norte apenas para apoyarse en su hombro para llorar o descansar”

No me lamento. Reflexiono. Estoy a veces orgulloso de mí, por las decisiones que tomo y otras muchas no tanto. Ni siquiera un poquito.

“como todo el mundo y cada uno lo lleva como quiere o puede no lo publica y mucho menos lo habla con su demencia”

Quizá porque estas son las cosas que añoro hablar con los amigos de antes, con el padre o el hermano.

“quizá en cualquier caso si te ayudo me alegro”

Parece que te pones blandita.

“No te acostumbres”