06/10/06
DE LA AMISTAD

Es curioso como la percepción de la amistad varía según nos vamos haciendo mayores. En la adolescencia y primera juventud, cuando las responsabilidades abarcan el descubrimiento del universo, los acompañantes son una prolongación de nosotros mismos. Se generan hermandades indisolubles que celebran su vínculo eterno a base de confidencias e intimidades varias.
De repente llegan el amor y la vida profesional. Los intereses divergentes y el tiempo de la distancia. Llegan las decisiones cargadas de sensatez, envenenadas por la suma de experiencias amargas o el afán de autoprotección. Y llegan también las heridas, la sensación de traición y la distancia helada del silencio.
Los amigos pasan a ser aquellos que están circunstancialmente cerca, aquellos con los que compartimos necesidades o vecindarios. La rareza entonces es la confidencia o la intimidad: no se habla de miedos, pocas veces de la inmensidad de la nada y mucho menos de las miserias que nos configuran. El día a día son los niños, la televisión y las inversiones a futuro. Los convencionalismos triunfan disfrazándonos de aquello que creemos que no desentonará con el paradigma del éxito que esté en boga en cada momento. Y ya apenas somos intensos y auténticos como cuando no sabíamos lo que éramos. Sólidos monolitos blindados.
Es entonces cuando las amistades profundas emergen en su nexo seudo familiar inventando hermandades imperecederas plagadas de respeto y veneración. Los amigos que se forjaron entonces, aquellos de los que siempre sabes sin apenas cruzar unas palabras. Esos de los que tu anecdotario feliz se alimenta y de los que estas orgulloso de tener cerca porque sabes que aquello que esté en su mano será tuyo si lo necesitas. Son apenas unos pocos. Quizá sea difícil hasta que sean. Su valor infinito reside precisamente en esa escasez, en su peligro de extinción.
“tu hablas de tu triste experiencia y sobre todo de tu escasa habilidad para hacerte querer encerrado en esa torre de marfil sin apenas preocuparte de aquellos que siempre han querido formar parte de ti devorando tu tiempo en elucubraciones absurdas y hasta en circunloquios con una voz enajenada”
Hay mucho de mala conciencia, de soledad y de egoísmo.
Antes de casarme temía la soledad, lejos de mi familia. Entonces la amistad era una necesidad perentoria, sobre todo cuando mi amada estaba lejos de mí. Hoy mi familia inmediata, mi mujer y mis hijas, hacen que las palabras signifiquen otras cosas. Que las necesidades sean otras.
“aún así inventas amigos imaginarios”
Es posible. Hablar de lo que hablo aquí es una necesidad. En ocasiones pienso que contigo invento un sucedáneo de la amistad. Incluso creo a veces que ocupas el inmenso hueco de la figura paterna, porque cada vez más hecho de menos esa brújula.
“seguro que te habría sido útil pero no es tan trascendental que son millones los que viven sin esas figuras sin lamentarse tanto sin contar con que las brújulas de ese tipo no sirven para marcar el norte apenas para apoyarse en su hombro para llorar o descansar”
No me lamento. Reflexiono. Estoy a veces orgulloso de mí, por las decisiones que tomo y otras muchas no tanto. Ni siquiera un poquito.
“como todo el mundo y cada uno lo lleva como quiere o puede no lo publica y mucho menos lo habla con su demencia”
Quizá porque estas son las cosas que añoro hablar con los amigos de antes, con el padre o el hermano.
“quizá en cualquier caso si te ayudo me alegro”
Parece que te pones blandita.
“No te acostumbres”
10:09 Permalink | Comentarios (0) | Email esto


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